Edades del Ateísmo, Parte II

Parte II

Aturdimiento de Escuela

En el ensayo anterior en American Atheist y en Iniciativa Atea, “Infancia, Parte I”, exploré el por qué los niños(as) frecuentemente son esclavos de la religión, así como también qué es lo que nosotros los Ateos adultos podemos hacer para promocionar el Ateísmo en la gente joven. Esta segunda parte es sobre problemas (y su resolución) en el Ateísmo en los adolescentes y en personas entre 20 y 30 años. Como recordaremos, la pubertad castiga duramente con la ferocidad de una migraña y después continúa durante años como si fuera un tipo de artritis. En un sentido muy real, todos los adolescentes “vuelven a nacer” cuando las hormonas y las enzimas re-estructuran cada parte de sus cuerpos, dentro y afuera.
Rebeldes: Y Sabemos la Causa

Hasta hace unos pocos cientos de años el proceso de crecer era facilitado por rituales tribales y por la expectativa de la sociedad de que tal transición sería breve, y medida en meses, no en años. Hoy, desafortunadamente, los niños(as) se encuentran con una trayectoria larga llamada “los años adolescentes”, que frecuentemente duran varias décadas en muchas partes del mundo. Empezando a la edad de 12 años, a los jóvenes se les trata como niños aunque se espera que se comporten como adultos. Esta dicotomía es reflejada en el cerebro del adolescente, como una labor todavía en progreso, en camino. El córtex prefrontal (la región del cerebro que nos permite razonar en planificar) no está suficientemente desarrollada como para refrenar los impulsos hedonistas del sistema límbico y sus hormonas.[1] Los adolescentes son capaces de razonar, pero esa habilidad es mermada por comportamiento impulsivo. Metafóricamente, frecuentemente no pueden oír la música clásica por encima del “Rock-and-Roll.” Físicamente han logrado madurez como para salir de casa, pero no tienen los medios económicos. Sexualmente son maduros, pero se les exige que continúen con su celibato. Todos estos factores sociológicos y psicológicos son frustrantes y son la causa de que muchos adolescentes se rebelen contra sus padres y la sociedad en general, de una forma u otra.
Este campo turbulento y rocoso es difícil, en particular para padres Ateístas en comparación con padres religiosos. El hijo(a) de padres Cristianos posiblemente se rebelaría contra la autoridad de sus padres adoptando una fe evangélica u Oriental en lugar de rechazar su creencia en un ser supremo. Cualquier adolescente que crece en un entorno de fe hacia cualquier variedad de un creador continuaría padeciendo creencias religiosas que están firmemente cimentadas en su cerebro. Una rebelión en la forma de cambiar un dios al que adorar no requiere un cambio fundamental en la forma en la que el cerebro de un adolescente ha sido “cableado” en su infancia. Cuando el adolescente finalmente se convierte en un adulto queda la posibilidad de que ese adulto vuelva a adorar a su dios original, incluido convertirse en un Agnóstico o Ateo. Por otro lado, el hijo(a) rebelde de unos padres Ateístas debe rechazar completamente su falta de creencia en un dios para así conseguir su independencia de la autoridad de sus padres. Este cambio no requiere un cableado fundamental del cerebro del adolescente, y puede llegar a ser permanente si no es volteado en un tiempo relativamente corto.[2]
Una persona religiosa, y hasta un Ateísta, pudiera preguntar: “¿Qué tiene de malo el creer en un Dios, ya sea de una manera temporal o permanente?” Una respuesta detallada va más allá de los objetivos de este artículo. En breve, sin embargo, como ocurre con cualquier otro engaño, la creencia en un ser supremo impacta negativamente cada decisión, cada emoción, y cada acción porque, entre otras razones, tal creencia distorsiona y muchas veces destruye cualquier entendimiento entre causa y efecto. Por ejemplo, si una persona pueda excusarse de un acto de brutalidad diciendo que era “la voluntad de Dios”, entonces no existe razón para que tal persona altere su comportamiento en el futuro.[3]
Por supuesto, existen otros eventos y emociones que pueden precipitar la conversión desde el Ateísmo a una religión, además de la rebelión del adolescente. Una discusión de estas otras causas, sin embargo, son diferidas a Parte IV, “Hasta que la Muerte nos Separe”, ya que tales causas casi siempre ocurren de una manera aleatoria en nuestras vidas adultas.
Evolution y el Cerebro Grande

Como ya se argumentó en Parte I, uno de los comportamientos que son “cableados” en el cerebro humano al nacer es el de creer todo lo que los padres les comunican. Los niños no siempre obedecen, pero siempre creen, continúan creyendo lo que se les dice. Afortunadamente, ese mismo proceso evolutivo dio al Homo Sapiens el poder cognitivo para invalidar impulsos evolutivos al entrar en la edad de pubertad. Casi todos los mamíferos evolucionaron de tal manera que los jóvenes, especialmente los machos, se pudieran separar de sus padres. Este es el resultado de fuerzas genéticas para mantener diversidad dentro de una especie.
Los humanos pueden boicotear este impulso evolucionario ya que nuestros cerebros han desarrollado estructuras sociales que son “no-naturales”, simplemente. En el mundo Occidental este proceso se ha materializado de manera incontrolable con muchos niños y niñas, especialmente con los niños, quedándose a vivir con los padres in algunos países como España, Italia, y hasta en todo un continente como Latino América, hasta que alcanzan sus 30 años y más.
En esas culturas Occidentales donde los padres envían a sus hijos a escuelas de internado, la practica frecuentemente es la de mantener a los hijos psicológicamente y hasta económicamente dependientes de sus padres durante 20-30 años.
El resultado combinado es el de padres que tienen hijos(as) adolescentes o mayores que son rebeldes aunque dependientes a regañadientes. ¿Qué puede hacer un buen padre/madre Ateísta en la situación de un hijo(a) que de repente y misteriosamente escoge un dios contra toda lógica?

¿Qué podemos hacer para ayudar a los Jóvenes a ser Ateos?

Así que ahí estás, sentado en la sala de tu casa, hablando con familia y amigos. Descubres que tu hijo, hija, sobrina, sobrino, o el hijo de tu vecino ha renunciado al Ateísmo y cree en algún tipo de dios. ¿Qué puedes hacer?
Como ya dijo Thomas Paine: “Tratar de hablar con una persona que ha renunciado al uso de la razón es como administrar medicina a los muertos.” Este concepto será explorado en mayor detalle en Parte III, pero por el momento es suficiente notar que la fe no es afectada por un ataque directo. Es más, estudios muestran que toda la sección del cerebro dedicado al pensamiento analítico en realidad se cierra completamente mientras una persona está en un estado de contemplación religiosa o en éxtasis. Al contrario, la lógica debería relucir dentro del cerebro de una persona para así lograr un impacto. Así como la barrera del cerebro filtra y echa a un lado coágulos no deseados y flotantes en el sistema circulatorio, también el cerebro religioso tiene una red alrededor de su sistema cognitivo.
Si el debate no es efectivo y la intervención forzada es deplorable, ¿cómo puede una persona Atea proceder? Como siempre es el caso, primero, dicha persona debe estar preparada. Recomiendo leer dos libros, uno de un Cristiano que se convierte al Ateísmo, y el otro de un Ateo que se convierte al Cristianismo. Dos buenas fuentes son: (1) Porqué dejé el Clero y me convertí en Ateo (Why I left the Ministry and Became an Atheist), by G. Vincent Runyon, Superior Books, 1959, y (2) Solamente Cristianismo (Mere Christianity) by C.S. Lewis, C.S. Lewis Tte, Ltd, 1952.
Con un buen entendimiento de este tema, da una copia de cada libro a tu hijo(a), pariente, o amigo y sugiéreles leer ambos libros. Si existe la oportunidad de que la razón gane, esa lectura motivara a la persona a hablar contigo sobre los factores que le motivaron a su conversión desde el Ateísmo.
Cuando tales conversaciones ocurran, si es que llegan a ocurrir, deben ser por curiosidad y no críticas y moralizantes. Durante tales conversaciones puedes llegar a recordar aspectos de la creencia en Ateísmo de esta persona.
Desafortunadamente en este mundo de realidad de video y virtual, el leer está un poco fuera de moda para los jóvenes. La sabiduría aún puede triunfar. Como en la fábula de Esopo donde el cangrejo del dice a sus crías que no caminen de lado, la gente aun aprende observando el comportamiento de personas que ellos(as) respetan. Cuando un adolescente observa que actúas con caridad, amor, y dignidad sin guía, invocación, o intervención divina, él/ella puede ganar un entendimiento de que un dios no es un apéndice necesario para llevar una buena y exitosa vida.
Estos esfuerzos pueden lograr una recompensa o fallar. Entonces, ¿tal vez sea “la voluntad de Dios”? Esta pregunta es la génesis de Parte III, Los días de Gemidos y Jefes (Days of Whines and Bosses), los cuales exploraremos defendiendo tu Ateísmo como un adulto contra un mundo hostil… y cuidándolo también.

[1] The Adolescent Brain, B. J. Casey, Weill Medical College of Cornell University and California Institute of Technology, 2008, http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2475802/

[2] Ver, por ejemplo, New Clues on Rewiring Your Brain, Psychology Today, March 28, 2012 and The Pew Forum’s U.S. Religious Landscape Survey; http://religions.pewforum.org/reports/ ) and Scientific American, http://blogs.scientificamerican.com/brainwaves/2012/08/29/the-neuroscience-of-twenty-somethings/
[3] The most recent example of this is the comment by Republican Richard Mourdock, candidate for Indiana’s U.S. Senate seat, that when a woman is impregnated during a rape, «it’s something God intended.» Historically, we find thousands of examples of “brutality is God’s will” during the Inquisition and other pogroms.

FIN